Las declaraciones de la Reina han suscitado una gran polémica. Una interesante pregunta que surge es: ¿cuánto durará?. Al fin y al cabo, los medios controlan los temas que preocupan a la gente. Dentro de unas semanas nadie hablará de este episodio, tan previsible, que cuesta creer que sea fruto de la casualidad.
Aquí entra en juego la conspiranoia. ¿Puede haber un fin oculto tras la publicación de este tipo de declaraciones? ¿A quién podría favorecer? No soy el único que se lo plantea, aunque quizá sea ir demasiado lejos. Quién sabe.
Al hilo de las declaraciones de la Reina podríamos insistir en el tema de que los medios de comunicación generan, mantienen y hacen desaparecer la mayor parte de los problemas, más o menos reales, que la gente, generalmente demasiado ocupada, cansada o desinteresada en general para ir mas allá del telediario, tiene en su cabeza.
Por ejemplo, ya que hablamos de la Reina, el tema de los matrimonios entre personas del mismo sexo fue tratado por algunos medios y sectores sociales y religiosos de forma bastante retrógrada. Sólo les faltó augurar el fin de la especie humana por falta de parejas reproductoras (quizá soy demasiado optimista y llegaron a avisar de este peligro) como si de ganado se tratase aunque ciertamente nos comportemos como tal de vez en cuando.
Pues bien, parece que los homosexuales hacen uso de su nuevo(viejo) derecho desde hace bastante tiempo y, por ahora, parece que la población no se resiente. ¿Cuántos españolitos de a pie, algunos no tan de derechas como podría esperarse de alguien que criticara el reconocimiento de ese nuevo derecho, siguen preocupados por ese ‘problema’? Muchos menos. Pero claro, ha dejado de ser un tema útil para intentar ganar elecciones y, además, ya no se trata en los medios. Sin embargo, el sistema moral no se ha derrumbado y Sodoma sigue estando donde estaba.
¿Quiere esto decir que este ‘problema’ no era de verdad? Evidentemente, según mi opinión. Quien más quien menos habrá asistido o conocido de cerca alguna boda entre personas del mismo sexo, y se habrán dado cuenta de que no son bacanales donde la gente se entrega a pasiones inconfesables sino que, como mínimo, son tan respetables, bonitas, feas, divertidas, aburridas y horteras como cualquier boda convencional (probablemente, a menudo, más auténticas y conmovedoras, porque los que se casan están mucho más concienciados. Al menos de momento).
Visto así, ¿el problema ha desaparecido? Realmente, nunca existió.
Se me ocurre entonces pensar: ¿qué pasaría si alguien en España tuviera el valor de proponer un cambio de régimen que nos convirtiera en una república?
¿Sería posible? Afortunada o desgraciadamente, tendrían que ponerse de acuerdo los medios de comunicación y los políticos algo harto improbable en la actualidad. ¿Pero realmente habría una gran resistencia popular en conciencia? Cierto es que la Familia Real (con mayúsculas) goza de un gran prestigio entre los españoles, pero no es menos cierto que es una especie de aprecio cariñoso (casi como si de mascotas se tratase) unas veces o simple carne de cotilleo otras. No parece que sea un apoyo ideológico al régimen que representan. Una campaña pragmática, expuesta sin tapujos, con sinceridad, sin ánimo de venganza ni aires de derrocamiento ¿podría convencer a la opinión pública para que se instaurara una república en España? Parece difícil.
Dejando a un lado los prejuicios de cierto sector de la población que podría tener bastante recelo, probablemente más al término que al concepto en sí, recelo basado en la pre-guerra y posteriores circunstancias, ¿la sociedad española estaría preparada? Quizá en su subconsciente, pero, sería tan fácil convencer a las masas para ponerse en contra de una propuesta como esa. Bastaría apelar al profundo sentimiento de clan que se despierta en los españoles con este tema, usando los típicos argumentos benévolos sobre las actuaciones del Rey en los momentos de tensión durante los primeros años de la Democracia. Y no digamos si alguien pusiera sobre la mesa el tema de la sacrosanta unidad de España.
por otro lado, cabe pensar que todo sería una cuestión de manejar a la opinión pública adecuadamente, presentando la cuestión de forma asumible para la mayor parte de la gente, es decir, explicando realmente las ventajas o inconvenientes de un cambio de ese tipo para que la gente pudiera votar en conciencia. Llegado el caso de que hubiera una importante resitencia popular no creo que pudiera resistir el paso del tiempo porque las personas olvidamos rápidamente lo que no aparece en el telediario. Aunque este análisis requeriría una explicación más profunda, en mi opinión, si el cambio no supusiera una gran molestia para la gente en su cotidianeidad, probablemente, no dejaría de ser un debate de pseudo-ideologías alimentado artificialmente por medios y clase política interesados, del cual la gente se olvidaría una vez terminado todo el proceso legal necesario. Seguirían viviendo normalmente.
Quizá peco de simplismo pero, en general, la opinión pública no me ha demostrado un comportamiento demasiado coherente en el pasado y creo que, si se planteara correctamente, se podría llegar a asumir un cambio de este estilo (al fin y al cabo, las generaciones que van llegando saben, lamentablemente, cada vez menos de nuestra historia pasada y deberían de estar menos influenciadas por las connotaciones que otras generaciones tienen respecto a este tema).
Mientras, como muy bien denuncia Forges en su viñeta en El País del domingo pasado, todo el mundo habla del libro de la Reina mientras se prepara la maniobra final del rescate mundial del capitalismo, el cual podría conseguir que los males del sistema que ha conseguido colocarnos en la situación en la que estamos, se vean definitivamente reafirmados y después de todo, nada cambie, consumándose el éxito de un gran timo, el neo-liberalismo.
Estemos atentos…