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La dignidad de morir

Algunos pensamientos:

-Evidentemente no es un tema sencillo ni admite soluciones extremas. Pero tampoco puede dejarse dormido en el limbo porque un sector de la población tenga ciertas creencias o dudas.

-Siempre aparece la Iglesia inmiscuyéndose en los asuntos de la gente. Si nos hemos dotado de un Estado de Derecho, la Iglesia no debería tener mas opinión que la que pueda hacer llegar a sus fieles desde el púlpito. Deberíamos tener políticos profesionales, que por encima de sus propias creencias, respetaran el deseo de la población expresado democráticamente.

-Muchos temas se mantienen dormidos porque no interesan políticamente, pero hay temas como éste, que suponen el sufrimiento constatable de miles de personas hora tras hora.

-Puedo asumir que su resolución no va a ser sencilla, que necesitará de una regulación exquisitamente elaborada, de un gran consenso, sobre todo científico y médico, pero no puede pasar ni un minuto más sin que se afronte este tema y se ofrezcan soluciones limpias de prejuicios morales o religiosos.

-Las personas que se enfrentan a la necesidad de tomar una decisión tan difícil y grave no pueden verse sometidas al libre albedrío ideológico de médicos, enfermeras o curas. Deben tener claramente especificados sus derechos, hasta donde pueden o no pueden llegar, asesoramiento y apoyo, el concurso de unos médicos que no se sientan amenazados y que puedan tomar decisiones basadas estrictamente en criterios médicos y científicos y, llegado el caso, humanitarios.

-Como en tantos otros temas, la regulación de un derecho así no supone obligación de acogerse a él por lo que nadie debería sentirse amenazado. Sin embargo, la negación de este derecho sí garantiza sufrimiento para muchos seres humanos tanto pacientes como familiares.

-La vida es un derecho tan inviolable que obligar a una persona a estar muerto en vida es el mayor atentado contra ella.

-Aún si cabe es más urgente solucionar este tema para aquellos enfermos que no pueden tomar decisiones por sí mismos o peor aún que no pueden expresar sus deseos, esos casos son especialmente sensibles. La decisión de dejar que esa vida acabe o de ponerle fin puede ser dramática si el sujeto deseaba seguir viviendo y no podía expresarlo, habrá que estipular claramente cómo se toma esa decisión bajo criterios científicos y médicos. Pero ¿alguien se ha preguntado qué ocurre cuando no tomar esa decisión condena a ‘vivir’ (si puede llamarse vida a cualquier conjunto de constantes vitales estables)?. Sólo imaginar por un momento la tortura que es verse impedido para comunicarse, contemplar como los demás te tratan como si no estuvieras y por tiempo indefinido es aterrador. Soluciones como el testamento vital deben analizarse para perfeccionarlas y garantizar que nadie quede desprotegido en una situación así.

-Los cuidados paliativos pueden ser el principio de la solución pero NO son la solución porque para muchos pacientes la espera es peor que la muerte. O vale la pena ‘vivir’ durante meses o años con periodos de inconsciencia alternados con periodos de semi-consciencia en los que sólo descubres que tu ‘vida’ se ha visto reducida a una rutina postrada de ingestión de medicamentos, penosas visitas por parte de familiares y amigos y momentos de dudosa lucidez en los que lo mejor que puedes esperar es que los que están a tu alrededor se den cuenta de que has ‘despertado’ momentáneamente y te traten en consecuencia y no hagan ni digan cosas que te hagan sufrir aún más si cabe.

-Ver arrastrarse a seres humanos en sus últimos momentos, sin poder valerse por sí mismos, sin poder ejercer dignamente su derecho a disponer libremente de su vida y elegir cómo quieren morir no es salvar vidas ni respetar ningún principio moral ni religioso. Al fin y al cabo, ¿para qué debería servir la religión en momentos como éstos? Para llevar paz y evitar sufrimiento, ni más, ni menos.

-El ,tan denostado por los mandamases eclesiásticos y demás seguidores, relativismo moral como el inicio del fin de la civilización es justamente lo que ellos practican cada día tomando decisiones políticas en lugar de éticas o doctrinales. Deberían asumir de una vez por todas que su área de influencia no puede ir más allá de sus seguidores y que deberían empezar por identificar claramente a sus seguidores porque descubrirían, si no lo han hecho ya, que llegados a ciertas situaciones límite no son tantos como a ellos les gustaría.

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