Normalmente consideramos que alguien fiel a unos sólidos principios es alguien admirable.
Pero qué ocurriría si esos principios fueran ‘equivocados’?
Está claro que es difícil definir tal circunstancia con claridad porque dependerá de la propia opinión o ideología de cada uno, pero en algunas circunstancias hay consecuencias objetivas de nuestras decisiones que pueden calificarlas como erróneas o no.
Siguiendo ciegamente sus principios, esa persona se estaría atando a una opción ‘errónea’ que podría impedirle tomar decisiones correctas ante retos nuevos o alteraciones de su entorno.
Evidentemente carecer de principios tampoco parece algo bueno porque necesitamos establecer una base de nuestra opinión general sobre las cosas para poder juzgar con rapidez las situaciones que se nos presentan y actuar ante ellas, manteniendo una postura coherente y acertada según nuestro criterio.
Pero, a veces, dejamos que nuestros principios tomen el mando como si fueran una especie de piloto automático y juzgamos las situaciones sin profundizar realmente en las circunstancias concretas de cada momento, sólo porque es lo que hemos hecho siempre o lo que hemos decidido en otras ocasiones y entonces nos pareció correcto.
La capacidad de reacción será tanto mayor cuanto más autocrítica sea nuestra forma de pensar y cuanto más a menudo sometamos nuestros principios a una nueva revisión para hacerlos evolucionar de forma acorde a la realidad.
Vivir exige adaptación continua.
Punset habla de esto en su blog, en un post muy adecuado para los tiempos que corren.
Leer post en el Blog de Eduard Punset: Acostumbramos a vivir por encima de nuestros medios